Aprende a cambiar tus malos hábitos por buenos

Una característica de los seremos humanos es que tenemos hábitos. Hay veces que tenemos hábitos que son buenos, como levantarte y hacer ejercicio, comer sano, hacer un espacio cada día para relajarte, etc. Pero también hay otros que se vuelven pesados y llegan a parecer  un destino inescapable. Cualquiera que sea el caso, es importante considerar que por más arraigados que estén los hábitos, pueden cambiarse, especialmente con otros hábitos, observando nuestras reacciones atentamente y reprogramando nuevos patrones poco a poco.

El cerebro tiende a formar hábitos como una forma de ahorrar esfuerzo; por ejemplo, si cada vez que fuéramos a manejar tuviéramos que estar conscientes de todo lo que estamos haciendo sería desgastante. El piloto automático hace sentido para gran parte de la existencia, aunque no para todo.

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Cuando el cerebro identifica que ciertos comportamientos producen una recompensa entonces se crea un hábito. Pero el cerebro no nota realmente la diferencia entre una buena recompensa y una mala -o lo que a nosotros, como el yo que supuestamente controla el organismo, nos parece mala-. Hacer ejercicio o meditar al igual que ver videos de YouTube por horas y comer donas, producen ciertas recompensas y generan hábitos.

De acuerdo con Ben Atkinson existe una estrategia que funciona muy bien basada en tres principios básicos para reemplazar malos hábitos con hábitos positivos. Hemos añadido un cuarto.

  1. Motivación

Lo primero es encontrar una motivación adecuada, es decir algo que realmente nos mueve: ya sea la zanahoria que hará correr al conejo o el látigo que nos amenaza -pues nos hemos dado cuenta que si seguimos así las cosas realmente se pondrán insoportables-. Algunas personas funcionan mejor a la “buena” otras a la “mala”, pero de cualquier manera es necesario poner una meta y determinar lo que queremos. ¿Estar sanos y vivir más años, mejorar el desempeñó en el trabajo, ser más atractivos…?

  1. Práctica

El cerebro es plástico, es decir, es moldeable y dúctil, pero se necesita aplicar una fuerza constante por cierto tiempo para que no regrese a su forma anterior. La práctica hace al maestro o al profesional. Una vez encontrada la motivación correcta es cuestión de ejecutar un plan de manera organizada y poner a prueba nuestro propio deseo -aquello que “mueve montañas”-.

Parte de la práctica consiste en no sólo enfrentar la situación que estamos buscando cambiar, sino ensayarla previamente, prepararnos para tener más herramientas cuando suceda. Por ejemplo, si una persona tiene miedo a hablar en público -aunque obviamente la forma más efectiva de superar el miedo es enfrentado la situación- es apropiado antes practicar en casa, posiblemente con alguien de confianza.

  1. Aplicación

El momento de trascendencia, en el cual se forma un nuevo hábito que reemplaza el viejo, es cuando se logra realizar la conducta deseada, aquello que practicaste antes. Este es el momento de la prueba de alta competencia, cuando estás en la cancha y logras hacer lo que visualizaste. Cuando dejas de pensar tanto en lo que practicaste como en las otras veces que fallaste, cuando surge el estado de flujo y espontaneidad. Y para que ocurra no hay otra que seguirte enfrentado al momento crucial, lanzarte incluso si tienes miedo.

  1. Ritmo

Es una práctica común de la educación facilitar el aprendizaje a través del ritmo: música, canciones, rima. Esto puede extrapolarse a todo ámbito. De hecho el hábito es también una forma de ritmo, aunque a veces caótico y discordante. La forma en la que uno puede invocar el ritmo es, además de utilizando la música, siguiendo series y repeticiones para cualquier proceso. Si se está aprendiendo algo, busca transformar aquello que se está aprendiendo en algo que se pueda cantar o que se pueda bailar.

Intenta aplicar esta técnica para cambiar tus malos hábitos por buenos.